Yes, I got your letter. Yes, I am doing better. I know that it's over. I don't need your closure.
Ayer escuché esta letra y me quedé recalculando. Llegué a ese punto en el que ya no duele, y sé que ya no va a doler. Fue hermoso lo que fue, y así tenía que ser.
Es posible que vuelva a encontrarme con gente del pasado en este camino. Algunos se quedarán, otros se irán.
Hay cosas que todavía puedo cambiar y mejorar. Otras se desvanecerán con el paso del tiempo.
Mutamos. Aprendemos. Crecemos. Mejoramos. ¿Es un ciclo? Todavía lo desconozco.
Nunca es demasiado tarde para intentarlo, porque al final es eso lo que nos resuena en lo más profundo de nuestros pensamientos. Es por ahí.
Celebro la felicidad de los demás y busco la propia, que a veces no está ligada al amor.
Darío Sztajnszrajber dice: ¿De qué nos sirve el amor si no nos otorga la consecución de ningún fin?
A veces simplemente se trata de defender el rol de las mujeres en una sociedad que todavía está lejos de ser igualitaria.
A veces se trata de luchar por el bien común, de dejarles a las próximas generaciones un mejor futuro. Un futuro que a mí no me dejaron mis antepasados, pero que las mujeres sí me dejaron en forma de legado: esta necesidad de pelear por mis derechos y por la inclusión que nos deben hace siglos.
Hay cierres que no son finales, sino puertas hacia nosotras mismas. Los celebro, los agradezco.
Porque closure no es olvidar, es transformar. No es borrar, es resignificar. No es rendirse, es seguir caminando con la certeza de que cada final también es un comienzo.
El cierre es la oportunidad de convertir el dolor en aprendizaje, la pérdida en fuerza, la nostalgia en gratitud.
Hoy entiendo que cerrar no es clausurar, sino abrir un nuevo espacio en mí. Y en ese espacio, lo que alguna vez dolió se convierte en raíz para crecer.
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