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La magia del perdón

Te soñé

Te soñé. Soñé mi versión tuya. Siempre me digo que ya no sé quién sos, y que eso también está bien.

Escuché un podcast precioso sobre el perdón.

Y esta vez estoy lista: ya no hay dolor ni rencor, solo buenos deseos. Dondequiera que estés, que estés bien. Lo que queda es nostalgia.

Me torturé tantos años y al final entendí que perdonar algo que me dolió lleva tiempo, que si lo perdono al instante es un perdón forzado.

Con el tiempo comprendí que siempre fuiste más que el error. Quizás siempre lo supe…

En el sueño me escribías porque todo había pasado, pero no llegaba a leerlo. Y eso también está bien.

En su momento pude despedirme, quizás desde el dolor. Hoy lo hago desde la nostalgia, en la que digo gracias por lo que me enseñaste.

Puedo confirmarte que soy mejor, con más experiencia, y estoy segura de que vos también.

Encontré a alguien a quien puedo abrazar en mis mejores y peores momentos, y eso es invaluable.

Gracias por elegirme en aquel momento y mostrarme el lado azul de la vida.

Que seas feliz. Y aunque me rogué a mí misma olvidarte, con el tiempo entendí que no funciona así.

No te voy a olvidar, pero te perdono. Para que si algún día te cruzo, todo esté bien y pueda mirarte a los ojos y decirte: estoy bien, pude sola. Lo que algún día necesité ya no existe, y está bien.

Gracias por la enseñanza. Gracias por haber sido parte de mi historia.

Hoy cierro este capítulo con calma, con gratitud y con la certeza de que el perdón también es una forma de amor.


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